jueves, 19 de noviembre de 2015

20-N MUERTE DE JOSÉ ANTONIO Y FRANCO. COINCIDENCIAS



20N o 20-N es el nombre que recibe en España el día 20 de noviembre en el contexto de la conmemoración del aniversario de los fallecimientos de José Antonio Primo de Rivera y Francisco Franco por parte de falangistas, nostálgicos del franquismo y grupos ultraderechistas. La conmemoración propiamente dicha se desarrolla en días próximos al aniversario, generalmente durante el fin de semana anterior o posterior.

EL 20-N DURANTE EL FRANQUISMO (1936/1975)

El 20 de noviembre de 1936, en los inicios de la Guerra Civil Española, fue fusilado en Alicante José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española. Posteriormente, la propaganda del franquismo hizo de Primo de Rivera, al que en la época se nombraba simplemente como José Antonio, un mártir precursor de su causa y el 20 de noviembre se convirtió oficialmente en el Día del Dolor. Sin embargo nunca se utilizó la denominación 20N para la conmemoración de la muerte de José Antonio.

LA MUERTE DE FRANCO Y LOS PRIMEROS 20-NEditar

El 20 de noviembre de 1975 es la fecha oficial de la muerte de Francisco Franco. Algunos historiadores creen que se mantuvo artificialmente con vida a Franco para retirarle el soporte vital en la madrugada de esta fecha, precisamente para hacerla coincidir con el aniversario del fallecimiento de Primo de Rivera. Ricardo de la Cierva ha afirmado que se le ha confirmado que Franco murió el 19 de noviembre, y que la fecha del 20 de noviembre se dio por razones políticas.La mayoría de historiadores dan la fecha del 20 como válida; pero no así la hora oficial: se cree que falleció antes de las cinco de la madrugada y no después, tal y como se comunicó.

Sea como fuere, la coincidencia en la fecha hizo que el 20 de noviembre se convirtiera en la fecha escogida por los nostálgicos del régimen franquista para manifestarse, aprovechando las conmemoraciones de ambos aniversarios.

En el primer aniversario, el 20 de noviembre de 1976, se ofició un funeral oficial en el Valle de los Caídos, presidido por los Reyes de España, Juan Carlos I y Sofía de Grecia, al que acudieron miembros del Gobierno, altas jerarquías de las distintas instituciones civiles y militares y de la Secretaría General del Movimiento y un millar de jefes y oficiales de los tres Ejércitos. Durante el funeral se rindieron honores militares. Ese mismo día se celebró en el mismo lugar otro funeral convocado por la Fundación Francisco Franco reunió a decenas de miles de asistentes, unos cincuenta mil según los convocantes. En el resto del país se celebraron numerosos actos organizados por las autoridades o sectores falangistas, fundamentalmente funerales y misas, aunque al menos en Bilbao y Barcelona hubo pequeñas manifestaciones a la salida de los actos religiosos. 

Muy pronto las conmemoraciones fueron perdiendo su carácter oficial y se convirtieron en la ocasión para que nostálgicos del régimen franquista, falangistas y otros grupos de extrema derecha expresaran su oposición a la naciente democracia. A partir del golpe de Estado fallido del 23 de febrero de 1981, conocido como 23F, las manifestaciones del 20N empezaron a servir para manifestar el apoyo de estos grupos a los golpistas encarcelados.

Tumba de Franco en la cripta del Valle de los Caídos. Este lugar es el centro de las conmemoraciones de los nostálgicos del franquismo.

Desde 1976 la Confederación Nacional de Combatientesha convocado concentraciones conmemorativas de los fallecimientos de Franco y José Antonio en la Plaza de Oriente el domingo más cercano al 20 de noviembre, excepto entre 1984 y 1992 en que, al no ser autorizadas en dicha plaza, fueron convocadas en la plaza de San Juan de la Cruz, frente a la estatua ecuestre de Francisco Franco.

Los primeros años las manifestaciones y conmemoraciones congregaron asistencias respetables. Así, en 1986 la manifestación celebrada en Madrid el 23 de noviembre congregó alrededor de 100 000 asistentes.




EVOLUCIÓN DEL 20 N

A partir de los años 1980 y coincidiendo con la desaparición del partido Fuerza Nueva, las conmemoraciones del 20N quedaron pronto reducidas a grupos muy minoritarios ligados a la extrema derecha ultranacionalista.

Como reacción a las manifestaciones y actos de signo ultraderechista, empezaron a convocarse en la misma fecha del 20 de noviembre contramanifestaciones y otros actos por parte de grupos de extrema izquierda. El acto central suele ser una manifestación en Madridque concluye ante la Facultad de Derecho de la UCM, en la Ciudad Universitaria, donde rivalizaron durante la Transición Española estudiantes del SEU con otros de la extrema izquierda, durante los últimos años de la dictadura franquista.

En los primeros años del siglo XXI se produjeron altercados y momentos de tensión relacionados con el enfrentamiento entre grupos de signo político opuesto. Una conmemoración especialmente tensa fue la del año 2007, debido al asesinato pocos días antes de Carlos Javier Palomino. Palomino, menor de edad y miembro de un grupo antifascista, acudía a una contramanifestación de una manifestación contra la inmigración convocada por el grupo ultraderechista y xenófobo Democracia Nacional, cuando fue apuñalado en la estación de Legazpi, en Madrid por Josué Estábanez, un soldado profesional de ideología neonazi que acudía a la manifestación del partido ultraderechista. En la sentencia se reconoce que el asesinato fue por motivos ideológicos.

Ese mismo año de 2007, uno de los actos centrales de las conmemoraciones del 20N convocado por la Confederación Nacional de Combatientes, del sector franquista más ortodoxo, reunió a menos de quinientas personas en la Plaza de Oriente de Madrid.

LAS CONMEMORACIONES EN EL VALLE DE LOS CAÍDOS

Un lugar importante en el conjunto de actos que se celebran ese día era el Valle de los Caídos, ya que allí están enterrados tanto Primo de Rivera como Franco. La Fundación Nacional Francisco Franco convocaba todos los años una misa funeral por Franco y José Antonio. Falange Española de las JONS también acudía al Valle de los Caídos para realizar un homenaje en la tumba de José Antonio, pero nunca en la de Franco; mientras que los falangistas de Falange Auténtica realizaban su homenaje en Alicante donde fue fusilado José Antonio, evitando coincidir con los franquistas que acudían al Valle.

Con la entrada en vigor de la Ley de Memoria Histórica en el Valle de los Caídos no pueden realizarse actos que ensalcen la dictadura franquista,por lo que este lugar ha dejado de ser el centro de las conmemoraciones. El 20 de noviembre de 2008 solamente setenta personas acudieron a la misa funeral en el Valle de los Caídos. En el acceso, para asegurar el cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica, un amplio despliegue policial impidió introducir en el recinto símbolos políticos.El sábado siguiente, 22 de noviembre, apenas doscientas personas participaron en una marcha conmemorativa.

Finalmente, por decisión del abad del monasterio del Valle de los Caídos, el funeral en memoria de Franco y José Antonio se sustituye, a partir de 2009, por unas exequias por los caídos en ambos bandos durante la Guerra Civil que se celebran el 3 de noviembre; mientras que la «memoria litúrgica» de los aniversarios de Franco y José Antonio, se efectuará durante la misa conventual del día 20 de noviembre.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

LA INSURRECCION DE BARCELONA EN NOVIEMBRE DE 1842


El 13 de noviembre de 1842 estalló en Barcelona una insurrección "antiesparterista" a la que se sumó la milicia y en pocas horas la ciudad se llenó de barricadas. El detonante de la misma fue la noticia de que el gobierno se disponía a firmar un acuerdo comercial librecambista con Gran Bretaña que rebajaría los aranceles a los productos textiles ingleses lo que supondría la ruina para la naciente industria algodonera catalana. Otro detonante fue la política represiva del capitán general Van Halen desde los sucesos del año anterior a propósito del inicio del derribo por orden de la “Junta de Vigilancia” de la fortaleza de la Ciudadela –en las Cortes el general catalán Juan Prim había denunciado que Van Halen había dado la orden de que los soldados, abandonados y sin recursos, “vivan sobre el país y esto es exasperar al pueblo”-, a lo que se sumó la “brutalidad del general Martín Zurbano, enviado en el verano de 1842 a la provincia de Gerona para perseguir los restos de las partidas carlistas (y de paso a los republicanos)".

La chispa inicial, sin embargo, fue por un tumulto que se produjo en la Porta de l'Àngel en relación con los consumos el 13 de noviembre, un domingo por la tarde. El incidente comenzó cuando un grupo de obreros que regresaban de comer intentó pasar al interior de la ciudad una pequeña cantidad de vino sin pagar los “derechos de puertas”.La respuesta de la autoridad militar fue ocupar el ayuntamiento y detener a varios periodistas de El Republicano, presentes en los hechos.Ese periódico, además, acababa de publicar un llamado “Plan de Revolución” firmado por Abdón Terradas que entre otras cosas decía:

Cuando el pueblo quiera conquistar sus derechos, debe empuñar las armas en masa al grito de ¡viva la República!

Al día siguiente una comisión que pedía que se liberase a los detenidos, fue encarcelada a su vez. Según relató el cónsul francés en Barcelona, Ferdinand de Lesseps:

Cuando oyeron decir al general Zurbano en medio de un grupo de generales: “Bien puede existir España sin Cataluña”, la exasperación se generalizó. El rumor de que el ejército quería destruir la ciudad corrió de boca en boca y la población entera se dispuso a tomar parte en el combate

Plano de Barcelona de 1806 con la fortaleza de la Ciudadela, a la derecha, integrada dentro de las murallas, y a la izquierda la montaña de Montjuic.

Comenzó entonces una guerra de barricadas protagonizada por la milicia, apoyada por paisanos armados, contra el ejército al que acusaban de que los soldados habían saqueado tiendas y robado a los transeúntes. Otros vecinos apoyaban a los milicianos lanzando piedras y muebles desde las ventanas y las azoteas. Como relató un testigo:[5]

Las campanas tocaban a rebato, la gente del campo acudía a la defensa de sus hermanos, se fortalecen las barricadas y se levantan otras nuevas, banderolas negras y rojas en todas las torres y azoteas

Entonces el capitán general, el “ayacucho” Antonio Van Halen, ordenó a sus hombres que abandonaran la ciudad y que se replegaran hacia el castillo de Montjuic, situado sobre la montaña del mismo nombre desde donde se dominaba la ciudad,y hacia la Ciudadela, al otro extremo de la urbe.

Foso de entrada al castillo de Montjuïc en la actualidad

Según relató el cónsul francés en Barcelona “durante los quince días que ha durado la insurrección no se ha cometido ni un solo delito contra las personas o contra las propiedades”. En cambio la Diputación de Madrid falseaba deliberadamente los hechos y contaba a los ciudadanos que en Barcelona “han ocurrido lamentables escenas de horror y de sangre” y que entre otras atrocidades los milicianos habían degollado a los presos y a los heridos enemigos en los hospitales.

El repliegue de las tropas gubernamentales fue considerado un triunfo por los sublevados cuya Junta –presidida por Juan Manuel Carsy y que tenía su origen en la “Junta de Vigilancia”, que se había formado en Barcelona el año anterior, y que estaba integrada por fabricantes y trabajadores, con mayoría de estos últimos- hizo público su programa que pedía:

Unión entre todos los liberales. Abajo Espartero y su gobierno. Cortes constituyentes. En caso de regencia, más de uno; en caso de enlace de la reina Isabel 2ª, con español. Justicia y protección a la industria nacional

En un manifiesto hecho público el 17 de noviembre la Junta se pedía la “independencia de Cataluña con respecto a la Corte” y “la protección franca y justa a la industria española”.

El bombardeoEditar

Bombardeo de la ciudad desde el castillo de Montjuic.

El regente Espartero decidió dirigir personalmente la represión de la insurrección y el 22 de noviembre llegó a Barcelona, en compañía del presidente del gobierno el general José Ramón Rodil y Campillo, otro "ayacucho". Ese mismo día el general Van Halen, por orden de Espartero, comunicó que Barcelona sería bombardeada desde el castillo de Montjuic si antes de 48 horas no se rendían los insurrectos. Entonces cundió el desconcierto en la ciudad y la Junta fue sustituida por otra más moderada dispuesta a negociar con Espartero, pero éste se negó a recibirles a pesar de que en ella participaba el propio obispo –“Espartero no quería una rendición pactada sino un castigo”, afirma Josep Fontana-,y se formó una tercera junta, esta vez dominada por los republicanos y dispuesta a resistir.

Finalmente el 3 de diciembre de 1842 comenzó el bombardeo y al día siguiente la ciudad se rendía y entraba de nuevo el ejército.Se dispararon 1.014 proyectiles desde los cañones de Montjuïc que dañaron 462 casas, además del hospital donde cayeron cinco bombas y el Salón de Ciento de ayuntamiento que quedó casi completamente destruido. Hubo veinte víctimas mortales entre los habitantes de la ciudad.Fue un “método castrense en la resolución de los conflictos que acabó con el prestigio personal de Espartero”

Salón de Ciento del Ayuntamiento de Barcelona, que resultó dañado durante el bombardeo

El bombardeo provocó incendios por toda la ciudad. La operación se inició antes del mediodía y concluyó en su primera etapa cerca de las dos de la tarde. Se reanudó dos horas después cuando varios edificios públicos y privados ardían o habían sido derribados y se recogía por la población a los heridos.

A las 6 de la tarde salieron dos comisiones de ciudadanos, una de la ciudad y otra de La Barceloneta, se dirigieron al cuartel general para pedir que se suspendiesen las hostilidades y ofreciendo la sumisión de la Ciudad. La junta revolucionaria pedía el cese del ataque para ceder la plaza y el ejército exigió la previa rendición y entrega de los responsables de la sublevación. A la media noche, los negociadores habían alcanzado un acuerdo con Van Halen y se dio por concluido el bombardeo.

ConsecuenciasEditar

La represión ordenada por Espartero fue muy dura. Se desarmó a la milicia y varios centenares de personas fueron detenidas, de las cuales unas cien fueron fusiladas. Además se castigó colectivamente a la ciudad con el pago de una contribución extraordinaria de 12 millones de reales para sufragar la reconstrucción de la Ciudadela.Asimismo disolvió la Asociación de Tejedores de Barcelona y cerró todos los periódicos salvo el conservador Diario de Barcelona. Antes de volver a Madrid el 22 de diciembre, desde su residencia en Sarriá sin haber pisado Barcelona, sustituyó a Van Halen al frente de la Capitanía General de Cataluña por el general, también “ayacucho”, Antonio Seoane, quien según manifestó se proponía gobernar Cataluña “fusilando y tirando metralla”.

Espartero había conseguido acabar con la revuelta pero con el bombardeo y la dura represión posterior perdió el “inmenso apoyo social y político que había tenido tradicionalmente en Barcelona. No es de extrañar la unanimidad que tendrá en Cataluña el levantamiento general contra Espartero en 1843”. Además “el símbolo de Barcelona también actuó sobre Madrid. La vuelta de Espartero fue acogida con una frialdad que contrastaba con el alborozo y pomposidad de 1840”.

martes, 17 de noviembre de 2015

LUIS XVIII DE FRANCIA


Luis XVIII. (Louis Stanislas Xavier) Rey de Francia desde 1814 hasta su muerte ocurrida en 1824. Nacido el 17 Noviembre 1755 en Versalles.Siendo cuarto hijo de Delfín Luis-Fernando y su segunda esposa María Josefina de Sajonia. Hermano menor de Luis Augusto, el futuro de Luis XVI de Francia y el hermano mayor de Carlos-Felipe, el futuro de Carlos X de Francia. Durante los eventos que llevaron a la Revolución francesa, el Conde de Provenza adoptó inicialmente una línea liberal moderada, en oposición a su hermano, pero el creciente radicalismo de la Revolución pronto le hizo abandonar el Reino. Huyó del país en 1791, al mismo tiempo que su hermano trataba infructuosamente de huir, siendo reconocido y detenido en Varennes. El Conde de Provenza vivía exiliado en Westfalia cuando su hermano fue guillotinado en 1793. A la muerte del Rey, el Conde se proclamó regente de su sobrino, el nuevo rey Luis XVII de Francia, aunque en realidad el muchacho nunca llegó a gobernar.

Durante los años siguientes, Luis XVIII se trasladó por toda Europa, viviendo durante un tiempo en Rusia, antes de asentarse en Inglaterra. Por aquella época, las conquistas y éxitos de Napoleón, el cual se había establecido como Emperador de los Franceses, hicieron que la posibilidad de una restauración de la monarquía borbónica pareciera remota. En 1814, tras la derrota de Napoleón, Luis XVIII pudo finalmente asegurarse el trono francés gracias al apoyo de las potencias aliadas y, ya dentro de Francia, gracias a la ayuda del antiguo ministro de exteriores de Napoleón, Charles Maurice de Talleyrand. En el Tratado de París de 1814, Francia quedó reducida a sus fronteras de 1792 y los Borbones fueron restaurados. Luis XVIII, hermano de Luis XVI, ocupó el trono. 

Cuatro meses más tarde Napoleón, creyendo que los franceses no deseaban la restauración monárquica de los Borbones, escapó de su exilio y regresó al poder en el llamado Imperio de los Cien Días

Louis XVIII murió en 16 Septiembre 1824 en París Sin descendencia, y fue enterrado en el La Basílica de Saint-Denis. Su hermano, Carlos Felipe,le sucedió en la Carlos X.


El periodo conocido como los Cien Días (en francés Cent-Jours), o Campaña de Waterloo, comprende desde el 20 de marzo de 1815, fecha del regreso de Napoleón a París desde su exilio en Elba, hasta el 28 de junio de 1815, fecha de la segunda restauración de Luis XVIIIcomo rey de Francia. Este periodo pone fin a las llamadas Guerras Napoleónicas, así como al imperio francés de Napoleón Bonaparte.


viernes, 13 de noviembre de 2015

MASONERIA. EL LIBRO SECRETO DE FRANCO


Lo último que hizo aquel hombre de mente pequeña y corazón de hielo, que en sus últimos años parecía haberse convertido en un viejecito frágil y desvalido, fue volver a echarle la culpa de todo a la masonería. Se asomó al balcón, perdido dentro de aquel uniforme en el que había sitio de sobra para tres como él, y lo dijo con su vocecita: “Todo lo que en España y Europa se ha armao obedece a una conspiración masónico-izquierdista, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social, que si a nosotros nos honra, a ellos les envilece”. Y se quedó tan ancho.

Lo que se había armao (quema de embajadas españolas, una protesta internacional como jamás se había visto) no era culpa de la masonería, ni del célebre “contubernio”, ni de nadie más que de él: unos días antes había mandado matar a cinco seres humanos para que escarmentásemos todos. Era septiembre de 1975. Como había dicho tantas veces, su pulso no tembló. O mejor dicho, sí tembló, pero nada más que por el parkinson.

El descrédito de la masonería es lo único que, a fecha de hoy, le salió bien a aquel desdichado. Ninguna de las ideas que defendió o puso en marcha, ni una sola, permanece en pie. Solo sus 40 años de calumnias contra una asociación de personas libres, que goza de un bien ganado prestigio en todas las viejas democracias del mundo, empapó a la sociedad española lo bastante como para que hoy, en la segunda década del siglo XXI, una gran cantidad de ciudadanos de nuestro país siga mirando a la masonería con recelo. Eso sí le salió bien al Caudillo... y hay que admitir que con la inestimable ayuda de los propios masones españoles, que siguen extraordinariamente divididos y que se empeñan, todavía hoy (no todos, desde luego; menos mal), en velar sus actividades tras una niebla de misterio que no se ve ya en casi ninguna parte del mundo. Si a eso se añade el fanatismo de la extrema derecha y del sector más cerril y paleocristiano de la Iglesia católica, grupos que jamás se han preocupado de enterarse honesta y verazmente de qué es la masonería (y de qué no es), el resultado no podía ser sino el que vemos. Todavía abundan las personas de buena fe que creen sinceramente que los masones adoran al diablo, pisan crucifijos, bailan alrededor de cabras y hasta devoran niños en sus tenidas. En serio.

Hoy, 79 años después de la sublevación de Franco contra la República, la pregunta es: ¿qué le pasaba a aquel hombre con la masonería? ¿De dónde venía semejante obsesión, aquel odio inextinguible que no lo abandonó jamás?

Los historiadores han hecho su trabajo (me refiero a los historiadores de verdad, no a los perroflautas de la ciencia histórica, sean píos o césares) y la respuesta está, hoy, clara.


La obsesión patológica de Franco contra la masonería procede, en primer lugar, del rencor personal. Franco intentó hacerse masón dos veces en su vida. No tiene nada de extraño. Muchos de sus compañeros de armas lo eran. Había, incluso, un dicho malévolo que se repetía en los cuarteles: “¿Quién es masón? El que está delante de ti en el escalafón”.

La burla.

Franco, un joven y brillante militar africanista, pretendía no solo medrar sino asegurar su posición en una España convulsa. Y se le ocurrió que la masonería podía serle útil. A mediados de los años 20 pidió su iniciación en una logia de Larache llamada Lukus. Los militares masones le dijeron que sí, que muy bien. Pero era una burla feroz. Le hicieron gastarse una pequeña fortuna en túnicas bordadas y en adornos absurdos, y al final, a la hora de la verdad, lo despidieron entre risotadas: cómo iban a permitir que aquel trepa sin escrúpulos se hiciese masón.

El futuro Caudillo se tragó la bilis y años más tarde, ya general y en Madrid, volvió a intentarlo. Era 1932. Ahí lo rechazaron desde el principio. Si a eso se añade que su hermano y su padre eran masones, las piezas encajan. Su hermano era un tipo brillante, un héroe romántico y de ideas peligrosas, que tenía un enorme éxito con las mujeres. Además, había sido uno de los que votaron en contra cuando Francisco trató de hacerse masón por segunda vez. Y su padre era el golfo que abandonó a su esposa (Franco idolatraba a su madre) y se fue a vivir con otra. Está claro. La obsesión de Franco con la masonería era una cuestión personal, un rencor de las vísceras que iba mucho más allá de lo leído en los furibundos escritores clericales del XIX. Era odio.

Lo curioso del asunto es que Franco debe su larga dictadura a algunos masones. Sin ellos, habría caído antes de que terminase 1945. Un libro magnífico (Franco contra los masones, de XaviCasinos y JosepBrunet; MartínezRoca, 2007) revela qué hubo de verdad en aquella frasecita cursi del “contubernio judeomasónico” contra España. Mejor dicho, contra él.

Sí existió. Desde 1921 funcionaba en Ginebra una organización llamada Asociación Masónica Internacional (AMI), constituida con el impulso de la prestigiosa Gran Logia Suiza Alpina. Eran pocos hermanos y de diversos países. Algunos eran judíos. El gran canciller a finales de los años 30 era el suizo JohnMossaz, y la AMI estaba contra la dictadura de Franco lo mismo que contra Hitler o Stalin: la vieja aversión de los masones contra las dictaduras. En 1940, ante el curso de la guerra, la AMI se trasladó a Lisboa.

Y allí se produjo el toque surrealista. El hermano portugués de la AMI estaba casado con una señora llamada A. de S., una ferviente católica y franquista a machamartillo que se pasaba la vida copiando las actas de las reuniones masónicas a las que asistía su marido y enviándoselas a Franco. Terminaba sus cartas así: “Quién como Dios”. Este argumento de sainete permitió al Caudillo estar al tanto de lo que se cocía en el “contubernio”.


La verdad es que se coció muy poco. Aquellos masones imaginaban que, a su llamada, las logias españolas (exterminadas) levantarían al pueblo contra el dictador. No sucedió nada de eso. La AMI vivía en un mundo de fantasías que concluyó en 1945, en la cumbre de Potsdam, cuando el masón Winston Churchill
 y el masón Harry Truman (sucesor del masón Franklin D. Roosevelt en la presidencia de EEUU) decidieron mantener en el poder al antimasón Franco ante el riesgo evidente de que el antimasón Stalin se merendase España si se entregaba el poder a Juan III. Los masones de la AMI se enfadaron muchísimo con sus hermanos Churchill y Truman, pero dio igual: a estos dos masones debe Franco su largo mandarinato. Luego se dedicó, con Carrero Blanco, a escribir delirantes artículos en el diario Arriba con el seudónimo de Jakin Boor (parodia de dos símbolos masónicos). Eso y nada más fue el famoso “contubernio”. Eso y miles de cadáveres ofrecidos durante décadas en el altar de un rencor patológico. Hoy, cuando se piensa en sacar los huesos de Franco del Valle de los Caídos, la aún pequeña masonería española crece. La Historia, a veces, tiene estos detalles.