martes, 28 de febrero de 2017

JUANA DE CASTILLA (LA BELTRANEJA)


Un 28 de Febrero de 1462 llegaba al mundo en Madrid, Juana de Castilla (La Beltraneja)

Juana de Castilla o Juana La Beltraneja (Madrid 1462- Lisboa 1530) fue hija de Enrique IV de Castilla y de su segunda esposa Juana de Portugal. El apodo de la joven princesa de Castilla fue difundido por los adversarios de su padre quienes, con el fin de desprestigiarla y alejarla del poder, aseguraron que no era hija legítima del rey sino que era fruto de una relación secreta de su madre con Beltrán de la Cueva. Sea o no cierta la historia de amor de su madre con de la Cueva, Juana fue designada a su nacimiento como sucesora al trono.

Vida

Juana nació el 28 de febrero de 1462 en la ciudad de Madrid fruto del nada feliz matrimonio de Enrique IV de Castilla- hijo de Juan II y María de Aragón- y Juana de Portugal. Para su padre no era el primer matrimonio sino que su primer casamiento con Blanca de Navarra fue anulado trece años después de su inicio con el pretexto de no haber sido consumado.

Con estos antecedentes Juana de Portugal quedó embarazada cuando ya se aseguraba en los círculos de la corte que el rey sufría de impotencia. Rápidamente se difundió la idea de que Juana, la niña nacida, era de Beltrán de la Cueva, conde de Ledesma, mayordomo y valido del rey, motivo por el cual la joven fue conocida por el sobrenombre de La Beltraneja.

¿Qué tenían de verdad estas afirmaciones? Gracias y según las últimas investigaciones, el bulo fue extendido por el marqués de Villena, quien, como apunta M.T Álvarez, era amigo de la infancia del rey Enrique y el noble más ambicioso e intrigante de la época que cuando conoció la decisión del monarca de no designarle como maestre de Santiago frente a Beltrán de la Cueva, difundió el rumor como venganza. De cualquier forma debemos ser cautos en esta y otras afirmaciones ya que las crónicas fueron escritas en tiempo de los Reyes Católicos, enemigos del monarca y por tanto sospechosos de parcialidad y de querer desprestigiar su figura. 


Sea como fuere, al menos al principio, no pareció que los rumores afectasen a Enrique quien en 1462, gracias a unas cortes extraordinarias, nombra a Juana Princesa de Asturias y por tanto heredera al trono de Castilla. A pesar de ser una mujer, el nacimiento fue celebrado por el rey y los súbditos de toda Castilla donde el sexo del mayor de los hijos no suponía un impedimento a la hora de tomar el poder. Isabel fue paradójicamente la madrina de Juana. 

Durante sus primeros años de vida fue preparada para reinar. Así estaba designado en el testamento de su padre. Los problemas empezaron tiempo después ya que si no fue efectiva la toma de poder de Juana se debió, en gran medida, a la debilidad -incluso cobardía- de su progenitor. Fue de hecho este motivo el que animó a sus adversarios a maquinar contra él apoyando primero a Alfonso, hermanastro también de Enrique, después a Isabel. Fue ésta una forma efectiva de anular al rey. Así lo demostraron en la Farsa de Ávila, hecho ocurrido en 1465 tras lo cual Carrillo, principal valedor de Isabel de Castilla, dirigió una carta a todo el reino explicando la ilegitimidad de la princesa. 

Sea como fuere, al menos al principio, no pareció que los rumores afectasen a Enrique quien en 1462, gracias a unas cortes extraordinarias, nombra a Juana Princesa de Asturias y por tanto heredera al trono de Castilla. A pesar de ser una mujer, el nacimiento fue celebrado por el rey y los súbditos de toda Castilla donde el sexo del mayor de los hijos no suponía un impedimento a la hora de tomar el poder. Isabel fue paradójicamente la madrina de Juana. 

A pesar de los primeros rumores Juana siempre se vio apoya por su padre quien en los últimos diez años de vida (entre 1464 y 1474), luchó por todos los medios por la legitimación de su hija en el trono de Castilla. Pero las presiones de los nobles castellanos fueron demasiado intensas para Enrique que terminará aceptando que el heredero al trono fuese Alfonso y no Juana. Los rumores cada vez más fuertes sobre las infidelidades de su mujer pudieron ser determinantes en su cambio de postura. 

Fue también en este tiempo en el que se acordó unir en matrimonio a Alfonso y Juana quien de esta forma podría reinar. Finalmente pero los planes se truncaron con la muerte prematura del príncipe- tal vez envenenado, como se rumoreó- en 1468 e Isabel, con dieciséis años, atendiendo a lo firmado con su hermanastro Enrique, se proclamó la heredera por delante de Juana la Beltraneja, retando abierta y conscientemente a Enrique IV. 

La postura adoptada por Isabel fue determinante. Enrique, lejos de lo esperado, la acepta en lo que se conoció como el Pacto de los Toros de Guisando. Allí, como cuenta Ladero Quesada, el legado pontificio Antonio de Veneris absolvió a todos del juramento que antaño hubieran prestado a Juana como heredera. Además el rey reconoció no estar legítimamente casado con la madre de ésta por lo que Isabel es reconocida como Princesa de Asturias a cambio de unirse en matrimonio con la persona que su hermano decidiese. Con el tiempo Isabel demostró que había mentido en los acuerdos y desoyendo lo firmado, casa con Fernando. 

La Guerra Civil castellana

La guerra entre Juana y su tía Isabel duró cinco años. Todo comienza en 1474 cuando Segovia proclamó reina a Isabel mientras que otras ciudades como Galicia, Madrid o Sevilla apoyaron a Juana. En mayo de 1475 cuando su padre muere pensando que había dejado a su hija- de solo trece años- bajo la tutela de su viejo amigo Pedro González de Mendoza quien finalmente traiciona a su viejo conocido poniéndose del lado de Isabel. Junto a La Beltraneja lucha el poderoso rey de Portugal, su tío, Alfonso V de Portugal, con el que es obligada a casarse (poco después se separan sin haber consumado la relación). No será el único hombre con el que Juana es obligada a casarse: el segundo matrimonio que se le propuso a Juana por parte de los nobles y del rey, con el fin de unir lazos, fue con el Duque de Guyena, hermano de Luis XI pero el matrimonio no se celebra por la pronta muerte del Duque.

Durante meses ambos bandos lucharon por toda España pero los ejércitos de los Católicos mostraron en todo momento una clara superioridad. Así ocurrió en Toro, cuando en marzo de 1476 Fernando derrotó con contundencia a Alfonso a las puertas de Portugal. La última batalla ocurrió en La Albuera en febrero de 1479.

La guerra terminó oficialmente con la firma en 1479 del Tratado de Alcáçovas.

Tras la derrota de sus tropas ante la poderosa Isabel, Juana se retiró a un convento situado en la ciudad portuguesa de Coímbra donde permaneció desde los diecisiete años.

Finalmente Jua muere en la también ciudad portuguesa de Lisboa. Allí quedó recluida según un documento redactado por su tía Isabel quien le daba a elegir entre casarse o renunciar a otro matrimonio. La infanta eligió la primera.


lunes, 27 de febrero de 2017

LA GUERRA DE LAS NARANJAS


El 27 de Febrero de 1801 se declaró la guerra a Portugal, llamada "la guerra de las naranjas"

Es frecuente que el tema de la histórica reivindicación de Olivenza por Portugal sea motivo de repaso del curioso pasado de ese lugar. 

En cambio resulta bastante desconocido que su retención por la corona española se debió a un incidente ocurrido en Sudamérica, en lo que hoy es Brasil, cuando los portugueses se negaron a devolver unos territorios ocupados militarmente aprovechando la tensión en la Península Ibérica por la grotesca Guerra de las Naranjas.

Olivenza es una localidad situada en el extremo oeste de la provincia deBadajoz, un lugar que en el Medievo fue una encomienda templaria y que luego se convirtió en moneda de cambio entre Castilla y Portugal a causa de las eternas disputas por el trono de la primera, en las que los lusos intervinieron a menudo. 

En 1297 el Tratado de Alcañices estableció las fronteras entre ambos reinos y cedió la posesión de esa ciudad -junto con otros territorios- al rey portugués Dionisio I. Sin embargo aún cambió de manos un par de veces: la primera cuando Portugal se separó definitivamente de España en 1640 tuvo que reconquistarla militarmente hasta que el Tratado de Lisboa de 1668 la dejó en el país vecino. La segunda fue en 1801, año en que quedó definitivamente incorporada a España por el Tratado de Badajoz.

Dicho acuerdo ponía fin a las hostilidades de la citada Guerra de las Naranjas, desatada por la negativa portuguesa a cerrar sus puertos a los barcos británicos, siguiendo el bloqueo continental decretado por Napoleón. Como un bloqueo no tenía mucho sentido si toda la costa atlántica ibérica quedaba libre para que el enemigo pudiera recalar y comerciar, el Emperador presionó al gobierno de Godoy para unirse a una expedición que impusiera su plan por la fuerza. Y dado que el ejército francés debía atravesar España para llegar hasta Portugal, lo lógico era que los españoles protagonizaran aquella campaña; al fin y al cabo, para eso eran aliados.

Manuel Godoy era secretario de Estado desde 1792 y quien había firmado varios tratados con Francia por los que establecía una alianza mutua contra Gran Bretaña y, aunque había tenido que abandonar temporalmente su ministerio, en 1801 volvió a retomar las riendas del ejecutivo tras la caída de Urquijo y Mazarredo. La solicitud de Bonaparte le venía como anillo al dedo para recobrar su prestigio, así que organizó un cuerpo expedicionario a cuyo frente se puso él mismo. 

Estaba compuesto por sesenta mil hombres aportados por los ejércitos de Andalucia (diez mil efectivos), Galicia (veinte mil) y Extremadura (treinta mil), más un contingente francés que, en la práctica, no llegó a participar en combate. Enfrente, el duque de Laföes disponía de cuarenta mil soldados para intentar detener la invasión.


Ésta comenzó en mayo de 1801 y en poco más de medio mes había concluido porque en realidad los lusos apenas presentaron batalla en Arronches y Elvas, donde la tropa entregó a su general un ramo de naranjas que éĺ hizo llegar a la reina María Luisa como ridículo trofeo, dando nombre al conflicto. Esa falta de resitencia se debió a que confiaban en que Godoy no aspiraba a arrebatarles territorio sino sólo a imponer el bloqueo. 

Sin embargo, durante el avance militar se habían ocupado casi una veintena de plazas; todas ellas fueron devueltas al firmarse la paz el 6 de junio (el mencionado Tratado de Badajoz) excepto Olivenza y Vila Real (actual Villarreal). España decidió quedárselas por los sucesos paralelos acaecidos en América.

Y es que, el enterarse de lo que pasaba en la metrópoli, las autoridades coloniales lusas se alzaron en pie de guerra contra los españoles, tal como recogió la orden del teniente general Sebastián Veiga Cabral da Câmara, aunque sin autorización expresa del virrey. 

Puesto que la guerra de las Naranjas se había iniciado sin declaración bélica expresa, se recurrió a usar milicianos y corsarios en vez de tropas regulares, y, así, una columna cruzó el río Piratiní -que servía de frontera natural- atacando varias guarniciones hispanas de Misiones Orientales del Uruguay y el Alto Paraguay. Varias localidades fueron cayendo, como Batoví, el fuerte de Santa Tecla, la Guardia de San Martín, San Miguel Arcángel, Santa Vitoria do Palmar… 

Los españoles se reorganizaron para enfrentarse al enemigo y se produjeron varios choques armados, todos en escaramuzas menores de pocos cientos de participantes. Lo paradójico de ese capítulo fue que la Guerra de las Naranjas sólo había durado dieciocho días, por lo que ya había terminado cuando la noticia llegó al otro lado del Atlántico. 

Consecuentemente, las operaciones militares continuaron varios meses hasta que se supo que España y Portugal estaban otra vez en paz. Eso sí, en un diálogo de sordos: como ninguno de los dos quiso devolver sus respectivas conquistas las cosas quedaron como estaban en ese momento, máxime teniendo en cuenta la forma en que evolucionaron luego, con ambos países ocupados por la Grande Armee, la monarquía hispana abdicando en Bayona y el rey luso Juan VI huyendo a Brasil.

En 1815, tras la caída de Napoleón y su destierro definitivo en Santa Helena, se celebró el Congreso de Viena, en el que las potencias europeas restablecieron el absolutismo. España salió de allí ignorada y tratada como una nación de tercera, pero Portugal tampoco pudo hacer valer su reclamación sobre Olivenza (que hoy se mantiene vigente aunque no activa, aunque los mapas portugueses siguen sin dibujar la frontera en ese tramo). 

En cuanto a Misiones Orientales, ya empezaban los primeros movimientos de emancipación y Brasil llevó a cabo la suya en 1822. Ese territorio vovió a estar en disputa entre 1825 y 1828, esta vez con las Provincias Unidas del Río de la Plata, que llegaron a ocuparlo, pero al firmar la paz retornaron a manos brasileñas y actualmente forman parte del estado de Río Grande do Sur.




jueves, 23 de febrero de 2017

ANIVERSARIO NACIMIENTO DE HAENDEL


Georg Friedrich Haendel

(Halle, actual Alemania, 1685 - Londres, 1759) Compositor alemán naturalizado inglés. Estricto contemporáneo de Johann Sebastian Bach -aunque difícilmente podrían hallarse dos compositores más opuestos en cuanto a estilo y aspiraciones-, Haendel representa no sólo una de las cimas de la época barroca, sino también de la música de todos los tiempos. Músico prolífico como pocos, su producción abarca todos los géneros de su época, con especial predilección por la ópera y el oratorio, a los que, con su aportación, contribuyó a llevar a una etapa de gran esplendor. 


Haendel

Oponiéndose a los deseos de su padre, quien pretendía que siguiera los estudios de derecho, la carrera de Haendel como músico comenzó en su Halle natal, donde tuvo como profesor al entonces célebre Friedrich Wilhelm Zachau, organista de la Liebfrauenkirche; fue tal su aprovechamiento que en 1702 fue nombrado organista de la catedral de su localidad y, un año más tarde, violinista de la Ópera de la corte de Hamburgo, donde entabló contacto con Reinhard Keiser, un compositor que le introdujo en los secretos de la composición para el teatro. 

En Hamburgo, precisamente, estrenó Haendel en 1705 su primera ópera, Almira, que fue bien acogida por el público. Un año más tarde, el músico emprendió un viaje a Italia que había de tener especial importancia, ya que le dio la oportunidad de familiarizarse con el estilo italiano e introducir algunas de sus características en su propio estilo, forjado en la tradición contrapuntística alemana. Las óperas Rodrigo y Agrippina y el oratorio La Resurrezione datan de esa época. 

En 1710, de regreso en Alemania, fue nombrado maestro de capilla de la corte del Elector de Hannover, puesto que abandonó al final de ese mismo año para trasladarse a Inglaterra, donde pronto se dio a conocer como autor de óperas italianas. El extraordinario triunfo de la segunda de su autoría, Rinaldo, le decidió a afincarse en Londres a partir de 1712.

Dos años más tarde, su antiguo patrón, el Elector de Hannover, fue coronado rey de Inglaterra con el nombre de Jorge I, y el compositor reanudó su relación con él, interrumpida tras el abandono de sus funciones en la ciudad alemana. Fueron años éstos de gran prosperidad para Haendel: sus óperas triunfaron en los escenarios londinenses sin que los trabajos de autores rivales como Bononcini y Porpora pudieran hacerles sombra. Sin embargo, a partir de la década de 1730, la situación cambió de modo radical: a raíz de las intrigas políticas, las disputas con los divos -entre ellos el castrato Senesino-, la bancarrota de su compañía teatral y la aparición de otras compañías nuevas, parte del público que hasta entonces lo había aplaudido le volvió la espalda. 

A partir de ese momento, Haendel volcó la mayor parte de su esfuerzo creativo en la composición de oratorios: si Deidamia, su última ópera, data de 1741, de ese mismo año es El Mesías, la obra que más fama le ha reportado. Con temas extraídos de la Biblia y textos en inglés, los oratorios -entre los que cabe citar Israel en EgiptoSansónBelshazzarJudas MaccabeusSolomon y Jephta- constituyen la parte más original de toda la producción del compositor y la única que, a despecho de modas y épocas, se ha mantenido en el repertorio sin altibajos significativos, especialmente en el Reino Unido, donde el modelo establecido por Haendel ha inspirado la concepción de sus respectivos oratorios a autores como Edward Elgar o William Walton. 

No obstante, no hay que olvidar otras facetas de su producción, en especial la música instrumental, dominada por sus series de Concerti grossi y conciertos para órgano. Los últimos años de vida del compositor estuvieron marcados por la ceguera originada a consecuencia de una fallida operación de cataratas. A su muerte fue inhumado en la abadía de Westminster junto a otras grandes personalidades británicas.

miércoles, 22 de febrero de 2017

ANTONIO MACHADO (Aniversario de su muerte)


ANTONIO MACHADO

Nace en Sevilla, el 26 de julio de 1875. Su nombre completo es Antonio Cipriano José María Machado Ruiz.

Antonio Machado
En 1883 se muda con su familia a Madrid, donde estudia en la Institución Libre de Enseñanza. Desde su adolescencia comienza a sentir gran inclinación por el teatro, la pintura, el periodismo y las corridas de toros.

En su habitual concurrencia a Bibliotecas, sobre todo la Nacional, comienza su admiración por Lope de Vega.

En 1895, junto a su hermano, colabora con el periódico "La Caricatura", que ese año hace su aparición.

Ante los problemas de España (pérdida de sus posesiones en Cuba y guerra con Estados Unidos) los hermanos Machado parten a París, donde trabajan como traductores en la casa Gamier. Conocen a Rubén Darío, que es corresponsal del diario "La Nación" de Buenos Aires, y a Oscar Wilde, recibiendo de parte de ambos buenas críticas a sus poemas.

Luego de ser Canciller en el Consulado de Guatemala, regresa a Madrid, y publica "Soledades". En ese año (1903), aparece la revista "Helios", de gran calidad literaria, pero que desaparece en poco tiempo.

En 1907 es designado catedrático en Soria, enseñando francés, y ese mismo año publica "Soledades, Galerías y otros poemas".

En 1909, a los 34 años, se casa con Leonor Izquierdo Cuevas, de tan solo 16 años, hija de la dueña de la pensión en la que se hospeda.

En 1911, obtuvo una beca de la Junta de Ampliación de Estudios, para perfeccionarse en lengua y literatura francesas.

En 1912, publicó "Campos de Castilla", con enorme éxito. Sin embargo, tanta prosperidad se quebró el 1 de agosto de 1912, con la muerte de su esposa, luego de una dura enfermedad, en la que Antonio estuvo a su lado para consolarla y cuidarla. La angustia que le provoca este hecho, lo obliga a trasladarse a Baeza (Andalucía), donde enseña, lee filosofía y estudia griego, con el objeto de perfeccionar sus conocimientos filosóficos, obteniendo la Licenciatura en Filosofía en la Universidad de Madrid.

En 1917, publica "Poesías Escogidas" y "Poesías Completas", y en 1924, "Nuevas Canciones".

En 1926 aparecen obras teatrales escritas por los dos hermanos: Antonio y Manuel.
En 1927, el primero es elegido miembro de número de la Real Academia Española.
En 1931 se traslada a Madrid, para ocupar la cátedra de francés en uno de los Institutos de Segunda Enseñanza, de reciente creación. Colabora con el diario "El Sol", donde publica las enseñanzas y aventuras de su personaje "Mairena".

Antonio Machado
En 1936, habitando en Madrid, junto a su madre y su hermano, sobreviene la Guerra Civil. Manuel se encuentra temporalmente de visita en Burgos, pero ya no volverá a ver a los suyos.
Antonio y su madre deben evacuar la ciudad y viajan a Barcelona, luego a Valencia y desde allí, a Rocafort. En esa época publica su último libro: "La Guerra".
Escapando de ese infierno, huye junto a su madre hacia Francia, pero ambos enferman.

El poeta muere el 23 de febrero de 1939, y su madre tres días más tarde.

Antonio Machado es parte de la Generación del 98, y como tal, es contemplativo y soñador. Es callado, retraído, acongojado ante el paso inexorable del tiempo y preocupado por el destino de España.
Unamuno lo describe así: "El hombre más descuidado de cuerpo y más limpio de alma de cuantos conozco".

Admirador de Bécquer, al que llamó "poeta lírico, sin retórica", su romanticismo está imbuido por el escepticismo y el desengaño, persiguiendo una actitud de paz y olvido. Sus fuentes de inspiración son: el amor, el dolor, la guerra, la fugacidad de la existencia y la preocupación por su querida España.


ANOCHE CUANDO DORMÍA

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que una fontana fluía 
dentro de mi corazón. 
Dí: ¿por qué acequia escondida, 
agua, vienes hasta mí, 
manantial de nueva vida 
en donde nunca bebí? 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que una colmena tenía 
dentro de mi corazón; 
y las doradas abejas 
iban fabricando en él, 
con las amarguras viejas, 
blanca cera y dulce miel. 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que un ardiente sol lucía 
dentro de mi corazón. 
Era ardiente porque daba 
calores de rojo hogar, 
y era sol porque alumbraba 
y porque hacía llorar. 

Anoche cuando dormía 
soñé ¡bendita ilusión! 
que era Dios lo que tenía 
dentro de mi corazón.

martes, 21 de febrero de 2017

JOSÉ ZORRILLA

                                 

Hoy día 21 de Febrero de hace 200 años, llegaba al mundo José Zorrilla, uno de los más grandes poetas y literatos que ha dado este País.


José Zorrilla 

(1817-1893)


José Zorrilla nació en Valladolid (1817). Su padre, José Zorrilla, era hombre de rígidos principios, 
absolutista y partidario del pretendiente don Carlos; su madre, Nicomedes Moral, mujer piadosa, 
sufrida y sometida al marido. Tras varios años en Valladolid, Burgos y Sevilla, la familia se estableció en Madrid, donde el padre ejerció con gran celo el cargo de superintendente de policía y el hijo ingresó en el Seminario de Nobles. 

Estudió leyes en las universidades de Toledo y Valladolid (1833-36), con nulo aprovechamiento. Durante unas vacaciones se enamoró de una prima, a la que evoca en "Recuerdo del Arlanza", era éste el primero de una larga lista de amores. 

Huyó de la casa paterna (1836), refugiándose en Madrid, donde la fama lo sacó súbitamente (1837) de una vida oscura y llena de privaciones: Zorrilla, un joven delgado y pálido, como lo han retratado varios contemporáneos, se reveló como poeta al pie del sepulcro de Larra, leyendo emocionadamente 
una composición en honor del suicida, cuando toda la capital se hallaba reunida en el cementerio para 
rendirle el último tributo. 

Se casó con Florentina O’Reilly (1839), viuda bastante mayor que él y con un hijo. No fue el dinero el motivo de la boda, pues estaba arruinada. Aparte la edad, varias causas concurrieron a hacer infeliz el matrimonio: la antipatía del hijo hacia el intruso, las riñas entre mujer y suegra, la desaprobación del padre. 

Viajó a Francia (1845), asistiendo en París a algunos cursos de la Facultad de Medicina y relacionándose con Dumas, George Sand, Musset y Gautier. Ese mismo año murió su madre, dejándole profunda melancolía. 



De regreso en Madrid (1846), recibió varios honores dos año más tarde: se le nombró miembro de la Junta del recién fundado Teatro Español; el Liceo organizó una sesión para exaltarle públicamente; la Real Academia lo admitió en su seno, aunque sólo tomaría posesión en 1885. Pero la muerte del padre (1849) le causó un duro golpe: su progenitor se negó a perdonarle la huida y la boda, dejando un enorme peso en la conciencia del hijo. Por otro lado, le legó considerables deudas. 

Huyendo de su mujer, se estableció en París (1851) y Londres (1853), a donde le acompañaron los inseparables apuros económicos. En París endulzó sus penas Leila, a quien amó apasionadamente. En tanto que en la capital británica hizo amistad con el famoso relojero Losada que le ayudó. 


Embarcó, por fin, rumbo a México ( 1854-66), interrumpiendo su estancia allí para pasar un año en Cuba (1858). Llevó en aquel país una vida de aislamiento y pobreza, sin mezclarse en la guerra civil, que dividía a federales y unitarios. Cuando Maximiliano ocupó el poder (1864), Zorrilla se convirtió en poeta áulico y fue nombrado director del Teatro Nacional. 

Muerta su esposa, regresó a España (1866), donde se le admiraba, pero se le creía superado. El fusilamiento de Maximiliano, abandonado a su triste suerte por el Papa y Napoleón III, le produjo una profunda crisis religiosa. 

Casado de nuevo con Juana Pacheco (1869), siguió en permanentes apuros económicos, de los que 
apenas lograrían sacarle ni una comisión gubernamental en Roma (1873) ni una pensión nacional otorgada tardíamente. 

Se hizo famoso dando recitales públicos y obtuvo numerosos honores entre los que sobresalen su nombramiento de cronista de Valladolid (1884) y su coronación como poeta nacional en Granada (1889). 

Murió en Madrid (1893), tras una intervención quirúrgica para extraerle un tumor cerebral. Su entierro fue un gran homenaje de admiración. 

Hay en la vida de Zorrilla algunos detalles de gran interés para comprender la orientación de su obra. 
En primer lugar, las relaciones con su padre. Hombre éste despótico y severo, rechazó sistemáticamente el cariño de su hijo, negándose a perdonarle sus errores juveniles. El escritor cargaba consigo una especie de complejo de culpa, y para superarla decidió defender en su creación un ideal tradicionalista muy de acuerdo con el sentir paterno. Dice en Recuerdos del tiempo viejo: "Mi padre no había estimado en nada mis versos: ni mi conducta, cuya clave él sólo tenía". 

Importante es destacar su temperamento sensual, que le arrastraba hacia las mujeres: dos esposas, un temprano amor con una prima, amores en París y México, dan una lista que, aunque muy lejos de la de don Juan, camina en su misma dirección. El amor constituye uno de los ejes fundamentales de 
toda su producción. 

No es ocioso preguntar, como tercer factor condicionante, sobre la salud de Zorrilla. A cierta altura de su vida, en efecto, se inventó un doble, loco (Cuentos de un loco, 1853), que aparece casi obsesivamente después. En Recuerdos del tiempo viejo habla de sus alucinaciones y sonambulismo. ¿Cuándo apareció el tumor cerebral y cómo afectó su comportamiento? Quizá el papel predominante de la fantasía en el escritor encuentre una explicación por este lado. 

De su carácter ha dicho su biógrafo Narciso Alonso Cortés que era ingenuo como un niño, bondadoso y amigo de todos, ignorante del valor del dinero y ajeno a la política. Conviene resaltar, además, su independencia, de la que se sentía muy orgulloso. En versos que recuerdan a los de Antonio 
Machado, confesó que a su trabajo lo debía todo, y llegó a rechazar lucrativos puestos públicos por no sentirse preparado: "Yo temo -afirma en sus Recuerdos...- que nuestra revolución va a ser infructífera para España por creernos todos los españoles buenos y aptos para todo y meternos todos a lo que no sabemos". 




                         CARTA DE DON JUAN A DOÑA INÉS 


                           Inés, alma de mi alma,
                           perpetuo imán de mi vida,
                           perla sin concha escondida
                           entre las algas del mar;


                           garza que nunca del nido
                           tender osastes el vuelo
                           al diáfano azul del cielo
                           si es que través de esos muros
                           el Mundo apenada miras,
                           y por el Mundo suspiras,
                           de libertad con afán,


                           acuérdate que al pie mismo
                           de esos muros que te guardan
                           para salvarte te aguardan
                           los brazos de tu Don Juan.
                           Acuérdate de quien llora
                           al pie de tu celosía,
                           y allí le sorprende el día
                           y le haya la noche allí;


                           acuérdate de quien vive
                           sólo por ti, ¡viva mía!,
                           y que a tus pies volaría
                           si me llamaras a ti.
                           Adiós, ¡oh luz de mis ojos!;
                           adiós, Inés de mi alma;
                           medita por Dios, en calma
                           las palabras que aquí van;
                           y si odias esa clausura


                           que ser tu sepulcro debe,
                           manda, que a todo se atreve,
                           por tu hermosura, Don Juan.






lunes, 20 de febrero de 2017

ALFONSO I él Católico


          
Alfonso I el Católico, rey de Asturias, por Manuel Castellano. Mediados del siglo XIX. (Museo del PradoMadrid).
Rey de Asturias
739 - 757
PredecesorFavila de Asturias
SucesorFruela I
Información personal
Nombre secularAlfonso
Coronación739
Nacimiento693
Cantabria
Fallecimiento757 (63 o 64 años)
Cangas de OnísCruz de Asturias.svg Asturias
EntierroSanta Cueva de Covadonga
PredecesorFavila de Asturias
SucesorFruela I de Asturias
Familia
Casa realDinastía Astur-Leonesa
PadrePedro de Cantabria
Madre¿?
ConsorteErmesinda


Era yerno del rey don Pelayo, ya que estaba casado con su hija Ermesinda, e hijo de Pedroduque de Cantabria, el cual a su vez, hasta el siglo XIX, basándose en los antiguos cronistas, se creyó que fue hijo del rey visigodo Ervigio. Sin embargo, no existe ninguna prueba documental. Según la versión rotense de la Crónica albeldense, Pedro era exregni prosapiem; o sea, de estirpe real visigoda y por consiguiente también lo sería su hijo Alfonso. Su hermano, Fruela de Cantabria, fue padre de dos reyes: Aurelio y Bermudo I.

Proclamado rey de los astures entre julio y noviembre de 739, con Alfonso I se intensificó la labor de Reconquista. La sublevación de los bereberes en 741 provocó la huida hacia el sur de los árabes que se habían asentado en Galicia, en Astorga y, en general, al norte de la sierra de Guadarrama, hecho que fue aprovechado por el nuevo monarca para ampliar las fronteras de su reino, anexionando Galicia y el norte de Portugal y emprendiendo campañas devastadoras contra zonas ocupadas por los musulmanes. La Crónica de Alfonso III, Versión Rotense describe la ampliación de las fronteras del reino durante estas campañas lideradas por Alfonso I de la siguiente manera:

«La osadía de los enemigos fue siempre aplastada por él (Alfonso). Este, en compañía de su hermano Fruela, haciendo avanzar a menudo su ejército, tomó por la guerra muchas ciudades, a saber: LugoTuyOporto, Anegia (no identificada), Braga la metropolitana, ViseoChavesLedesmaSalamanca, Numancia que ahora se llama ZamoraÁvilaAstorgaLeónSimancasSaldañaAmayaRevenga, Carborárica, Abeica, Cenicero, y Alesanco, y los castillos con sus villas y aldeas, matando además a los árabes con la espada, y llevándose consigo a los cristianos a la patria.»

Este modo de actuar trajo consigo dos consecuencias de gran repercusión para el futuro, tanto desde el punto de vista demográfico como cultural, en todo el territorio:

  • La creación del llamado «desierto del Duero»: El área comprendida entre el río Duero y la cordillera Cantábrica quedó prácticamente despoblada. Según Herculano, para dificultar así los futuros avances de tropas musulmanas hacia el norte, aunque otros historiadores consideran que esta despoblación no fue realizada conscientemente. La repoblación de parte de estas tierras comenzará a producirse cien años más tarde, con gentes del propio reino y mozárabes venidos de reinos musulmanes.
  • El incremento de población que experimentaron las tierras de la vertiente norte de la cordillera, Cantabria y Asturias, con la gente traída de la meseta Central, provocó la necesaria roturación de nuevas tierras y la fundación de nuevos pueblos y aldeas, configurando el tipo de poblamiento que ha llegado hasta nuestros días.
  • La incorporación por Alfonso I de gentes procedentes de los campos Góticos, que conservaban cierta tradición guerrera, bastante perdida por la población hispanorromana —si se exceptúa a los pobladores de norte, menos asimilados en el mundo romano—, dio impulso a la reconquista y permitió reforzar la zona sur del reino, más expuesto a las incursiones enemigas.

MUERTE Y SEPULTURA

Alfonso falleció de muerte natural en 757 y recibió sepultura, según refieren el obispo Sebastián de Salamanca y la Primera Crónica General, en el monasterio de Santa María, cercano al municipio de Cangas de Onís. Dicho monasterio, según refirió el cronista cordobés Ambrosio de Morales, es el de Covadonga. En el mismo monasterio fue sepultada su esposa, la reina Ermesinda.

En el siglo XVI, el cronista Ambrosio de Morales describió del siguiente modo la tumba del rey Alfonso I el Católico, ubicada en la Santa Cueva de Covadonga:

«Su tumba es la que está al cabo de la iglesia frontero del altar mayor, en una pequeña cueva. En partes está labrada. Es un lucillo de piedra lisa, con cubierta de una pieza, de cuatro pies de ancho a la cabecera y dos a los pies, como ataúd, pero cubierta llana y no tumbada. Su largo, doce pies y tres en alto.»

En el sepulcro que se supone contiene los restos del rey Alfonso I y los de su esposa, la reina Ermesinda, y que se encuentra colocado en la Santa Cueva de Covadonga, en Asturias, fue grabado el siguiente epitafio:

AQVI YAZE EL CATOLICO Y SANTO REI DON ALONSO EL PRIMERO I SV MVJER DOÑA ERMENISINDA ERMANA DE DON FAVILA A QVIEN SVCEDIO. GANO ESTE REY MVCHAS VITORIAS À LOS MOROS. FALLECIO EN CANGAS AÑO DE 757.

MATRIMONIO Y DESCENDENCIA

De su matrimonio con Ermesinda, hija de don Pelayo nacieron los siguientes hijos:

Fuera de matrimonio, tuvo un hijo con una esclava musulmana llamada Sisalda:


Predecesor:
Favila de Asturias
Rey de Asturias
739-757
Sucesor:
Fruela I de Asturias
Predecesor:
Pedro de Cantabria
Duque de Cantabria
¿?-739
Sucesor:
Fruela de Cantabria

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